Gobernar cuesta
Aprobación presidencial 2025: entre el desgaste, los recambios y las legitimidades frágiles.
Hola, ¿cómo estás? ¿Cómo te encuentra este fin de año? Para muchos gobiernos y mandatarios del mundo fue un año exigente. No necesariamente por grandes crisis puntuales, sino por algo más persistente: la dificultad para sostener apoyos sociales a lo largo del tiempo.
En un escenario atravesado por economías tensionadas, electorados más exigentes y sistemas políticos fragmentados, la aprobación presidencial aparece cada vez menos como un capital estable y cada vez más como un recurso transitorio, defensivo y útil, que se administra con dificultad. Un presente político marcado por la fluidez más que por la solidez.
Esta será nuestra última entrega 2025. Haremos un balance del año poniendo el foco no solo en los niveles de aprobación, sino en las trayectorias. Porque este no fue un año de grandes giros abruptos, sino de desgastes persistentes.
¿Qué encontramos?
🔹 Un ranking relativamente estable pero con recorridos muy distintos en la tabla: gobiernos que fueron punteros sostenidamente (pero que perdieron algo de aire), liderazgos en mitad de tabla que no repuntaron y países en zona de descenso crítica.
🔹 Dos presidentes sincronizados. Algo que observamos en el informe publicado en noviembre fue la similitud en los niveles de apoyo de Donald Trump (EE.UU.) y de Javier Milei (Argentina). Ambos tuvieron un 2025 marcado por la estabilidad, pero sin capacidad de expansión ni crecimiento.
Fuente: Base de Aprobación Presidencial, Observatorio Pulsar.UBA. Gráfico elaborado por Mailen Badoza, Asistente de Investigación del Observatorio.
🔹 Cambios de gobierno que no siempre funcionaron como “reset” político. En países como Canadá, Uruguay, Perú y Alemania, el recambio de mandatario o de signo político mostró efectos acotados sobre la aprobación y, en algunos casos, heredó el desgaste previo.
🔹 Casos de desgaste temprano con consecuencias sistémicas, como los de Gustavo Petro en Colombia y Gabriel Boric en Chile. Arranques con alto capital político que no lograron traducirse en sostenibilidad, condicionando no solo al gobierno sino también a las chances electorales de sus espacios.
El resultado es un diagnóstico claro: gobernar cuesta y sostener apoyos cuesta todavía más. La aprobación presidencial se confirma como un recurso escaso, volátil y decisivo para entender no solo el año que termina, sino los escenarios políticos que se abren hacia adelante.
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¡Nos leemos el año que viene!
El equipo de Pulsar.UBA
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